Leo hoy mismo ( 19 de mayo) en el diario de mi región, el Heraldo de Aragón, un informe muy completo sobre nuestra salud mental. El 25% de nuestra población menor y adolescente recibe tratamiento psicológico y la población en general, de todos las edades, es decir un 33%, le sucede algo parecido, lo que supone que bien tiene trastornos emocionales o recibe tratamiento.
Estos datos coinciden, más o menos, con lo que me me refieren los médicos de asistencia primaria o familiar. Igual me confirman varios farmacéuticos que saben perfectamente lo que dispensan a diario.
Estos datos son la fiebre del enfermo, el hombre de nuestro tiempo en las sociedades occidentales. Pero claro, la fiebre es exclusivamente la manifestación de un daño mas estructural, esto es, la infección que la provoca.
Si seguimos así, dentro de poco no habrá médicos y psicólogos suficientes para atender tanta patología. Pero, yendo mas lejos, buscando la causa eficiente, que diría Aristóteles, cabe preguntarse ¿ cuál es la causa mas común del trastorno psíquico, de la ansiedad, de la depresión o el desorden mental?
La mayoría de los especialistas, sin descartar patologías de orden genético o constitucional en la enfermedad, se decantan en que son las causas ambientales, psicosociales de todo orden, las desencadenantes en la mayoría de los casos.
Y aquí llegamos al nudo gordiano de la cuestión que tratamos.
Nuestra existencia discurre a través de una sociedad escaparate trufada de deseos, cultivados mediante la propaganda y un individualismo desenfrenado, insolidario y egoísta, que ha alterado cualquier ley natural o barrera moral tradicional. Está bien- se nos dice- y es adecuado para conseguir el éxito, lo que a cada uno se le acomoda. Esto es en definitiva, lo que se le hace saber al hombre de nuestros días, por todos los centros de pensamiento, vulgares y hasta académicos. Hemos llegado al caso de que si alguien invoca como guía de su vida la trascendencia o la superación espiritual frente al puro interés material, se verá pronto señalado por casi todos, cuando no será motivo de hilaridad tomándole por un perturbado.
Pues bien con todos estos agentes patógenos que andan sueltos, llamémosles, ideas neoliberales, que no son otra cosa que el producto del sistema no humano que nos hacen vivir, suceden dos cosas : el hombre es cada vez más infeliz, sus lazos con el prójimo aparecen cada vez más debilitados y el vacío espiritual de su propia existencia lo acaba enfermando. Y consecuencia añadida a la patología que sufre, se ve obligado a vivir y desenvolverse en un mundo que lo condena a todo tipo de injusticias sociales, sueldos escasos y la carencia de una vivienda o techo que lo ampare, lo que acaba redundando en un bucle o círculo cerrado, que a su vez agrava o desencadena las patologías psíquicas mencionadas.
Pero aún hay más: mientras a cualquier trabajador, los pocos servicios que este estado aún le presta, se ven cada día más disminuidos o recortados, privándole del derecho a fundar una familia y tener hijos, el estado, ese ente, que cada vez menos lo atiende y cuida, en su "generosidad" y como compensación, le blinda si es mujer- y aún quiere blindarle más- el derecho al aborto de forma cuasi ilimitada. Se ha llegado por tanto, a la aberración de venderle a la mujer una interrupción voluntaria del embarazo como un derecho absoluto, cuando en realidad no es más que una tragedia, provocada las más de las veces por una injusticia social que le impide tener hijos. Por consiguiente, son los mismos que generan la injusticia, los que te proporcionan este remedio antinatura.
Hoy en su mayoría, el hombre es un ser sin esperanza, condenado a satisfacer unos deseos que en la gran mayoría de los casos no conseguirá, y si lo hace, en todo en parte, no le llenarán espiritualmente y le dejaran vacío.
Volviendo al encabezado del artículo, volviendo a Aragón, citaré a Joaquín Costa, ese polígrafo y regeneracionista de fin del siglo XX, nacido precisamente en mi pueblo, que es Monzón ( Huesca).
A finales del siglo XIX y cuando ya el capitalismo y la modernidad, habían irrumpido en la historia, destrozando el antiguo régimen y creando todo tipo de pobrezas, malnutriciones e injusticias. Don Joaquín propuso en la síntesis de su programa para combatirlo y emancipar a las masas proletarias, su famoso lema que tituló : ESCUELA Y DEPENSA. Es decir, dignidad de la vida, empezando por la salud y la alimentación, y seguidamente cultura y educación para emancipar al trabajador.
Si ahora viviera, probablemente cambiaria su propuesta, para combatir nuestro actual capitalismo posmoderno, por MORAL TRADICIONAL Y PLENA JUSTICIA SOCIAL.
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