Me he demorado bastante en escribir estas líneas sobre todo lo sucedido en Venezuela, secuestro de Nicolás Maduro incluido. Al principio mantuve una posición de rabia ante la agresión sufrida por el país hermano, luego una suerte de indignación al comprobar la traición, la daga clavada alevosamente a la Revolución y, finalmente, la decepción mas absoluta.
Personalmente, y no quiero dármelas de analista ilustrado, a las 48 horas del secuestro, vista la inoperancia del sistema defensivo del ejército venezolano, la heroica muerte de los custodios cubanos y las primeras declaraciones de Delcy, me di cuenta de la traición. Pocos me siguieron pues tuve que escuchar razonamientos tales como " fue mejor evitar el enfrentamiento" o " se consiguió garantizar la Revolución y sus logros".
Hoy ya nadie, ni los mas borregos, mantiene estas tesis. Venezuela ha entregado al gringo su sistema financiero y su petróleo. Y la nación entera no es más un protectorado de los Estados e Israel, con el que se ha comenzado a coquetear, mientras la traidora jefe se exhibe encantada en fotografías con su amo Donald Trump.
Después de la muerte de Hugo Chávez, hombre valiente que ni qué decir tiene nunca hubiera consentido la actual situación y llegado el caso hubiera dado su vida por la patria, todo fue cambiando poco a poco.
Los sectores burgueses y afines a la cultura yanqui, que nunca se fueron del todo de la Revolución, poco a poco fueron tomando posiciones y ellos, con su nepotismo y corrupción, fueron acaparando el poder, rodeándose de asesores como Juan Carlos Monedero o Pablo Iglesias, los cuales como ya hicieran en España con su Partido Podemos, frenaron la revolución y la protesta e inocularon dentro de ella su nefasta y globalista doctrina Woke. No tengo pruebas, pero si hubieran trabajado para los Estados Unidos, no lo podrían haber hecho mejor.
Y a pesar de advertir que la Revolución y sus conquistas se habían detenido ( si una revolución se detiene es que está muerta) en Venezuela los voceros del país ante el acoso y amenazas yanquis, seguían repitiendo aquello de " Patria o Muerte" y anunciaban, al igual que Petro en Colombia ( otro traidor woke), un nuevo Vietnam caribeño frente a una invasión.
Fueron tiempos en que se advertía que algo extraño estaba sucediendo. La retórica "revolucionaria" no se acompasaba con las decisiones de gobierno y las precauciones ante el cerco militar gringo eran inexistentes. Todos los discursos de Nicolás Maduro, acababan en magníficos predicados al amor y a la " Peace y no War", todo acompañado de numerosos festejos musicales y bailes de reguetón.
Precauciones y llamadas al pueblo para el sacrificio y la resistencia, ninguna. Las termitas estaban ya dentro del sistema, lo fueron horadando poco a poco, ganando terreno día a día, y cuando Nicolás ( hombre imprudente y muy poco capaz) se dio cuenta, todo su entorno estaba corrupto y vendido a los Estados Unidos.
Así de triste es esta historia. De haber sido coherente y no traidora la dirigencia venezolana, le habría correspondido el inmenso honor, que hoy tiene Irán, de haberse enfrentado al imperio, haberlo empantanado en un Vietnam, Colombia incluida, y provocar el comienzo y caída del imperialismo yanqui.
Nadie duda que todo ello habría supuesto enormes sacrificios en bienes materiales y vidas humanas, pero cuando uno se confiesa revolucionario tiene que asumir que nada es gratis.
Los triste de todo esto, es el ejemplo del caso Venezolano. Para el propios pueblo de Venezuela, como para el resto de los pueblos de Latinoamérica, la desmoralización es absoluta y se tardará muchos años en recuperar a las doctrinas emancipadoras.
Aquí quedan para los pueblos y su moral, los ejemplos de Sandino, Emiliano Zapata, Fidel, el Che, Salvador Allende o Perón, por ejemplo. Pero por favor, cuando Venezuela se recupere, no eleve de nuevo a lo altares, lo mismo que Colombia, a Simón Bolívar.
Es hora que la hispanidad completa, un solo país, una misma civilización todo lo confederal que se quiera, conozca que Bolívar, de la mano de los ingleses, mas la ruindad de los entonces reyes de España, de un continente con tres virreinatos, lo dejó dividido en en 22 países.
Latinoamérica desunida nunca podrá plantar batalla a su enemigo mas directo : los Estados unidos. Y menos todavía sin dar la batalla cultural contra los mismos y vigilar a todos los traidores que tiene en casa.