martes, 3 de noviembre de 2020

Puede pasar cualquier cosa

Este país ya no  solo es un sainete, que lo es, es que además es una tragicomedia.  Mientras se va sabiendo  que del festín corrupto de nuestra monarquía  no sólo participaba el " campechano" sino toda la familia, los comunicadores comprados, los jueces ascendidos mediante el pasteleo de los partidos mayoritarios y los políticos profesionales y sus asesores, les repiten  a ustedes que vivimos en un estado de derecho.

Ha llegado un momento que en la realidad va por un lado, y los que todavía viven del sistema va por otro sitio. Los que sufren, los desahuciados, las colas del hambre delante de parroquias y asociaciones de barrio, los precarios y los ERTES, cuando son cobrados, los perseguidos por la Agencia Tributaria aunque estén en la indigencia, los sueldos que no llegan a final de mes, los que esperan con una dolencia grave sin ser intervenidos quirúrgicamente, los parados y  los pequeños negocios cerrados, sin duda están en la vida misma. Otros muchos en cambio, todavía viven en la burbuja : rentistas, sobre todo del alquiler, una parte muy importante de la función pública ( hago exclusión de los sanitarios, educadores, bomberos y policías entre otros), empleados de nivel medio en adelante del Ibex y jubilados de lujo.

Estos últimos citados, no todos evidentemente, son los que repiten eso de la constitucionalidad y el estado de derecho cada vez que pueden. Pero lo que no saben es que una constitución no es más que un trozo de papel y los principios que inspiraron la nuestra  están más que muertos. Hoy nuestra constitución ya solo es un cuerpo sin alma.

El derecho positivo, la norma en si misma,  debe de estar al servicio de las personas y no a la inversa. Repetir legalidad y legalidad como un papagayo, no sirve de nada, pues cuando detrás de la norma no está la justicia, la equidad, la solidaridad y los grandes principios morales y sociales, lo que hay bajo la envoltura de esa  pretendida legalidad, devenida en ilegítima,  no es más que corrupción, tiranía, privilegio y arbitrariedad.


La pandemia avanza  sin control  con los mediocres  y cobardes  en el timón de la nave (mi  médico hoy mismo me ha dicho que las cosas  están peor de lo que dicen y me ha aconsejado que me quede en casa), la descomposición moral, social y económica también. 

Puede pasar cualquier cosa.

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