lunes, 29 de marzo de 2021

Cómo somos

 

Me pide el director de una revista de barrio barcelonesa- un enamorado de la psicología- un corto comentario sobre el comportamiento humano que nos conduce a buscar siempre nuestro propio beneficio e interés. No es fácil lo que me pide pero lo voy a intentar.

Lo que sigue es la reflexión que le he enviado. La revista se llama Fem Barri.

Digamos de principio que no estoy conforme con la tesis que nos identifica  siempre como seres siempre en busca de su propio interés y egoísmo. Si así fuera como regla general no existirían los héroes, ni los altruistas o filántropos, o los idealistas. Y haberlos, le juro que los hay. El mundo está lleno de ellos. Por poner solo un ejemplo reciente, ya me dirán, por ejemplo, qué es lo que gana en la actualidad cualquier preso político en la cárcel o exiliado.

Los individuos existen, pero los pueblos a los que pertenecen o las comunidades en las que se desarrollan, también. El hombre es un ser social y sin la comunidad a la que pertenece, es poca cosa, por no decir nada. Así pensaba por ejemplo el filósofo y revolucionarios Koprotkin, que veía en el hombre una naturaleza colaborativa más que competitiva. Rousseau, vio en el hombre esta naturaleza y bondad inicial, donde fruto de esta colaboración los seres humanos crearon la estructura del estado como un contrato social, pactando entre todos ellos su colaboración en aras de un interés común. Por contra Hobbes, y los autores neoclásicos de la economía, vieron en el hombre un ser egoísta e insolidario. Sólo según el primero a través de un estado muchas veces opresor y totalitario, denominado Leviatán, se garantizarían los derechos de los unos frente a los otros, porque el hombre sería un lobo para el hombre.

Particularmente, considero estas últimas tesis desacertadas pues pecan de falta de rigor científico. Según la biología, el hombre es fruto de la simbiosis de sus código genético y el medio ambiente donde vive y se desarrolla, el cual puede llegar a mutar al primero.

El prestigiosos zoólogo Richard Dawkins en su obra el “ gen egoísta” concluye que somos más hijos de nuestros genes que de nuestra voluntad y personalidad y que, en definitiva, el gen se adaptará en cada momento a su interés con el fin de obtener su máxima facilidad reproductiva. En cada momento que al hombre le toque vivir, el heroísmo, la cobardía, la prudencia, la solidaridad o la resignación por ejemplo ( no voy a enumerar todas las situaciones posibles) podrán ser las mejores opciones en cada caso, en cada situación, para conseguir su reproducción dentro del concreto medio en que se desenvuelva cada ser humano.






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